jueves, 1 de diciembre de 2016

Segundo Domingo de Adviento



Juan el Precursor


« Pueblo de Sión: mira al Señor que viene a salvar a los pueblos. El Señor hará oír su voz gloriosa en la alegría de vuestro corazón. »(Antífona de Entrada, Is, 30, 19.30)
 « Señor todopoderoso, rico en misericordia, cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo; guíanos hasta él con sabiduría divina para que podamos participar plenamente del esplendor de su gloria. Por nuestro Señor . »  (Oración Colecta)

Comienzo de la Celebración
en torno a la Corona de Adviento
Guía: 
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Todos:
Amén.
Guía:
Ven Espíritu Santo,
Todos:
llena los corazones de tus fieles y enciende
en ellos el fuego de tu amor.
Guía:
Envía tu Espíritu creador.
Todos:
Y renovarás la faz de la tierra.
Guía:
¡Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo!, haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre del bien y gozar de sus consuelos. Por Jesucristo Nuestro Señor.
Todos:
Amén.

Bienvenida

Guía:
Una vez más nos reunimos, atentos al anuncio de la llegada de Dios nuestro Señor. Se acerca la gran fiesta de Navidad, la fiesta del Nacimiento de nuestro Señor Jesucristo en Belén y en cada uno de nuestros corazones. Preparémonos a recibir a nuestro salvador reuniéndonos en torno a esta corona.
(Se enciende la segunda vela)

Palabra de Dios
Guía: 
Escuchemos la palabra de Dios.
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 1, 1-8)
Allanad los senderos del Señor
« Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. »
« Está escrito en el Profeta Isaías: ‘ Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: Preparadle el camino al señor, allanad sus senderos‘ . Juan bautizaba en el desierto: predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: ‘Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo‘.  »
Lector: 
Palabra de Dios.
Todos: 
«Credo».
Reflexión
Guía: 
La venida de Cristo exige una continua conversión. El tiempo del Adviento, es una llamada a la conversión para preparar los caminos del Señor y acoger al Señor que viene. El Señor ya no quiere nacer en una cueva, el Señor quiere nacer, ahora, en cada uno de los corazones de los hombres.
Diálogo
(Después de unos momentos de silencio, el guía debe motivar que los participantes hagan comentarios sobre el texto bíblico. Para terminar este diálogo se invita a los presentes a hacer un compromiso.)

Compromiso
Guía: 
Pongámonos en presencia de Dios y meditemos:
En el contacto con Dios, a través de la oración nos damos cuenta de lo que aún tenemos que cambiar. La conversión es un proceso de todos los días, y tiene sólo un límite: el ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto.
(Reflexión en silencio)
Despedida
Guía: 
Señor, gracias por reunirnos una vez más en torno a esta corona. Ayúdanos a vivir intensamente este Adviento y prepararnos para recibirte. Por Cristo Nuestro Señor.
Todos: 
Amén.
Guía: 
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Todos: 
Amén.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Significado Catòlico del Arbol de Navidad y Nacimiento

Historia del origen del árbol de Navidad

Por: Marcelino de Andrés / Tere Fernández del C. | Fuente: Catholic.net

El bueno de San Francisco de Asís vivía la Navidad maravillosamente. Cantaba, danzaba, contagiando su felicidad. Si el día 25 caía en viernes, lo celebraba en grande. En fecha tan entrañable no se podía ayunar. -Si las paredes pudieran comer carne, hermano León, se la ofrecería para que también ellas pudieran celebrar el nacimiento del Niño Dios– les decía con ternura.

En una fría noche de invierno, se le ocurrió la genial idea de avivar el recuerdo de momento tan augusto. Y representó con figuras humanas, de carne y hueso, la escena de el Nacimiento. Lleno de emoción cantaba con sus frailes:
-Si el rey fuera mi amigo, le pediría sembrar de trigo todas las calles durante la Navidad, para que hicieran también fiesta los hermanos pájaros... Porque Cristo ha nacido. Y así, entre cantos y danza, entre algazara e ilusión, el buen fraile ponía en escena junto a la Familia Sagrada a Adán y a Eva, al diablo, al ángel del Paraíso con su espada flamante y al árbol del fruto prohibido: ¿un manzano?

Es verdad que la Biblia no indica la especie. Lo cierto es que la tradición se ha continuado por los siglos. Y hoy adornan nuestras casas abetos y pinos. ¿Cuál es la legendaria historia de nuestro árbol de Navidad? ¿Por qué le colgamos tantas luces y dulces y adornos?

Los antiguos germanos creían que el mundo y todos los astros estaban sostenidos pendiendo de las ramas de un árbol gigantesco llamado el "divino Idrasil" o el "dios Odín". A este dios se le rendía culto cada año, durante el solsticio de invierno, cuando para ellos, se renovaba la vida. La celebración de ese día consistía en adornar un árbol de encino con antorchas que representaban a las estrellas, la luna y el sol. En torno a este árbol bailaban y cantaban adorando a su divinidad.

Cuentan que San Bonifacio, evangelizador de Alemania, derribó el árbol que representaba al dios Odín y en el mismo lugar plantó un pino o abeto, símbolo del amor perenne de Dios. Lo adornó con manzanas y velas, dándole un simbolismo cristiano. Era curioso ver abetos "cargados" de manzanas. De esta manera tan pintoresca, los cristianos de la Edad Media pintaban de sentido cristiano sus celebraciones familiares.

Las manzanas representaban las tentaciones, el pecado original y los pecados de los hombres; las velas representaban a Cristo, la luz del mundo y la gracia que reciben los hombres que aceptan a Jesús como Salvador.

Desde el siglo XVII, junto a las manzanas cada familia cuelga una oblea. ¿Por qué? A la manzana, que ha sumergido al hombre en este valle de lágrimas, se contrapone la oblea, que representa el pan de vida. Y poco a poco, con el correr de los siglos y de la imaginación, se le han añadido dulces y golosinas, luces y colores, esferas y figuras.

El antiguo y legendario árbol del primer pecado reconquista un nuevo verdor. El árbol de Navidad vuelve a ser el árbol de la vida. Los mismos cantos recuerdan ecos lejanos:
"Hoy nos vuelve a abrir la puerta del Paraíso. El querubín ya no la defiende. Al Dios Omnipotente alabanza, honor y gloria".

Esta costumbre alemana se difundió por toda Europa en la Edad Media. Por medio de la Conquista española y las migraciones, la tradición llegó a América. Poco a poco fue evolucionando: se cambiaron las manzanas por esferas y las velas, por focos que representan la alegría y la luz que Jesucristo trajo al mundo.

Las esferas, han cambiado su simbolismo del pecado y ahora se les atribuye ser el símbolo de las oraciones que hacemos durante el periodo de Adviento, teniendo sus colores también un significado simbólico:
  • azules, oraciones de arrepentimiento

  • plateadas, de agradecimiento

  • doradas, de alabanza

  • rojas, de petición



  •  
  • Se acostumbra poner una estrella en la punta del pino que representa la fe que debe guiar nuestras vidas.

    También se suelen poner adornos de diversas figuras en el árbol de Navidad. Éstos representan las buenas acciones y sacrificios: los "regalos" que le daremos a Jesús en la Navidad.

    Esa es la historia del árbol y de la Navidad. Muchos deberíamos ver en el árbol de Navidad más que una simple tradición de otros tiempos o una mera decoración ambiental. ¿Por qué no dejarnos iluminar por el significado más profundo de las esferas, de las frutas o de las obleas? ¡Navidad!

    Hay que cantar, danzar y celebrarlo en grande, porque al lado del árbol vuelve a nacer un bebé-Dios.

    Para aprovechar la tradición:
    Se sugiere adornar el árbol de Navidad a lo largo de todo el Adviento, explicando a los niños su profundo simbolismo cristiano. Los niños elaborarán sus propias esferas (24 a 28, dependiendo de los días que tenga el Adviento) con una oración o un propósito en cada una. Conforme pasen los días, las irán colgando en el árbol de Navidad, hasta el día del Nacimiento de Jesús.

Por: Tere Vallés | Fuente: Catholic.net

Este mes celebramos el Nacimiento de Jesús. Este acontecimiento está rodeado de costumbres y tradiciones que hoy recordaremos.

Con el Nacimiento de Jesús se cumple la promesa de Dios al mundo de enviar a un Salvador. Jesucristo es Dios hecho hombre.
Un poco de historia

Las tradiciones y costumbres son una manera de hacer presente lo que ocurrió, o lo que se acostumbraba hacer, en tiempos pasados.

Son los hechos u obras que se transmiten de una generación a otra de forma oral o escrita.

La palabra "tradición" viene del latín "traditio" que se refiere al verbo "tradere", que significa entregar. Se podría decir que tradición es lo que nuestros antepasados nos han entregado.

En el caso de la Navidad, lo más importante de las tradiciones y costumbres no es sólo su aspecto exterior, sino su significado interior. Se debe conocer por qué y para qué se llevan a cabo las tradiciones y costumbres para así poder vivirlas mejor. Este es un modo de evangelizar.

Existen muchas tradiciones y costumbres que se celebran en el tiempo de Adviento y de la Navidad.

A continuación, presentaremos una de ellas con una pequeña explicación acerca de su significado y origen:
Los Nacimientos.

El Papa
San Sixto III, en el siglo V d.C. ya celebraba la Navidad con algunas representaciones del Nacimiento de Cristo realizados en una gruta semejante a la de Belén que él mismo había mandado construir en una Iglesia.

Sin embargo, se considera a
San Francisco de Asís como el creador de los Nacimientos. En 1223 quiso celebrar una “Noche Buena” en la que se reviviera el recuerdo de Jesús nacido en Belén. Para que todos pudieran comprender mejor las condiciones en las que sucedió, puso un Nacimiento en el bosque con personas y animales vivos.

Esta actividad gustó mucho a las personas que asistieron y se empezó a popularizar. Con el paso del tiempo, la falta de espacio obligó a sustituir a las personas y animales con figuras de madera o de barro.

Esta tradición fue acogida con gran cariño y se ha extendido por todo el mundo desde el siglo XVI.

Poner un nacimiento en casa, en el que podemos contemplar la imagen de Belén, el pesebre, los pastores, los magos, José y María, puede ser una actividad que fomenta la unión familiar. Y al mismo tiempo, convertirse en una imagen que nos ayude a meditar en el misterio de la Navidad y en las virtudes de cada uno de los personajes. A través de los sentidos se eleva nuestro espíritu ante este gran acontecimiento.

El Nacimiento nos invita a reflexionar en el gran misterio de Dios hecho hombre por amor al hombre.



DOGMAS DE FE

Por: P. Jorge Loring | Fuente: Para Salvarte


3. «Dogma es una verdad que se apoya en la autoridad de Dios, por eso tenemos obligación de creerla»100.

A veces la Iglesia define algunas verdades dogmas de fe. No es que esas cosas empiecen entonces a ser verdad. Son verdades que siempre han existido; pero que su creencia ha empezado a ser obligatoria al definirse.

La definición de una doctrina no es su invención, sino la declaración autoritativa de que ha sido revelada por Dios, es decir, que forma parte del conjunto de verdades que constituyen la Revelación cristiana.

Algunas veces la aparición de nuevos errores obliga a la Iglesia a definir y declarar más lo que siempre ha sido verdad, pero que las circunstancias del momento reclaman aclaración.

Los dogmas no son verdades que la Iglesia impone arbitrariamente. Son iluminaciones de la verdad objetiva. No son muros para nuestra inteligencia. Son ventanas a la luz de la verdad.

Algunos dicen: «La vida es movimiento. Estancarse es morir. Las ideas petrificadas no hacen avanzar a la humanidad». Esto es verdad sólo en parte. Hay verdades definitivas -y los dogmas lo son- que cambiarlas no es avanzar sino retroceder.

Quien quiera cambiar que «la suma de los ángulos de un triángulo vale dos rectos», no avanza, sino que retrocede al error.

El norteamericano Fukuyans, de origen japonés, pretende que la Iglesia Católica renuncie a declarar que su doctrina es la verdad absoluta, y se vuelva tolerante contentándose con ser una opinión más en la sociedad, igual que las otras
101. Esto es tan ridículo como pedirle a un químico que sea tolerante y acepte que el agua es NH3 en lugar de H2O; o pedirle a un matemático que sea tolerante y acepte que Pi es 8,2014 en lugar de 3,1416.

El contenido de los dogmas es inmutable, pero la formulación de ese contenido se puede desarrollar para acomodarse mejor al modo de hablar de los tiempos.

El Magisterio de la Iglesia puede ir mejorando el modo de expresar las verdades que creemos
102. Toda formulación dogmática puede ser mejorada, ampliada y profundizada103.

Pero ninguna formulación dogmática del futuro puede contradecir el sentido de anteriores formulaciones, sino solamente completar lo que ya ha sido expresado por ellas.

Otras veces un estudio cada vez más profundo nos hace progresar en nuestro conocimiento de la Revelación, y nos hace ver más claramente verdades que antes no parecían tan claras
104.

La Iglesia, asistida por el Espíritu Santo, penetra cada vez más profundamente en el contenido de la Revelación Divina, descubriendo nuevos aspectos en ella implícitos, como son los dogmas de la Inmaculada Concepción y de la Asunción.

La Revelación fue un hecho histórico, y no puede crecer el número de verdades reveladas contenidas en el depósito de la Revelación que es la Sagrada Escritura y la Tradición, porque este depósito, quedó cerrado con la muerte del último Apóstol
105.

«Ninguna verdad puede añadirse a la fe católica que no esté contenida, explícita o implícitamente, en este depósito revelado. (...) Lo único que cabe es una mayor explicación de los dogmas, pero conservando el mismo sentido, que es definitivo e indeformable una vez definido por la Iglesia»
106.

Sí puede y debe crecer continua y armónicamente nuestro conocimiento del dogma, pasando de lo implícito a lo explícito.

Y la Iglesia, al crecer con el tiempo los conocimientos humanos, puede aprobar infaliblemente este progreso.

No es esto crear nuevas verdades reveladas: es descubrir lo que se encerraba en el viejo legado de los Apóstoles. Lo mismo que las estrellas del firmamento descubiertas últimamente existían mucho antes, pero nosotros hasta ahora no las hemos conocido.

«No podemos decir que nuestras formulaciones de fe sean las mejores posibles. Están sujetas a perfeccionamiento. Pero sin contradecir nunca u olvidar el sentido primitivo»
107.

«Los enunciados dogmáticos, aun reflejando, a veces, la cultura del período en que se formulan, presentan una verdad estable y definitiva»
108.

Para que una cosa sea dogma de fe es necesario que haya sido revelada por Dios, y que la Iglesia así lo declare
109. Bien sea por una declaración solemne o por la enseñanza de su Magisterio Ordinario.

«Pero el ámbito de las verdades de fe es mucho más amplio que el de las verdades expresamente definidas. Hay verdades que llamamos ´de fe divina´ porque se encuentran en la Sagrada Escritura o en la Tradición, que han de ser igualmente creídas, pero que no han sido nunca definidas, como es el caso de la resurrección de Cristo.

Nadie ha negado en la historia esta verdad; y por eso la Iglesia no ha sentido la necesidad de definirla»
110.

El Depósito de la Revelación Pública acabó con la muerte del último Apóstol
111. Cualquier otra revelación es enteramente privada, y no puede tener valor, a no ser que esté de acuerdo con la única Revelación Pública que Dios ha hecho a los Apóstoles.

«La fe cristiana no puede aceptar ´revelaciones´ que pretenden corregir la Revelación de Cristo. Es el caso de ciertas religiones no cristianas, y también de ciertas sectas recientes»
112.

La Revelación ha terminado pero «nosotros debemos usar nuestra inteligencia para explorar el dato revelado, deduciendo verdades que a primera vista no aparecen claramente explícitas en el mismo, pero que no por eso dejan de estar contenidas virtualmente en él. (...) La garantía de lo que así descubrimos está en la Iglesia, portadora de toda la Tradición cristiana e intérprete autorizado de la Escritura Santa. (...) Es función del Magisterio definir los contenidos de la Revelación. (...) La teología no debe suplantar al Magisterio. (...) La última palabra la tiene el Magisterio»
113.

«Algunos teólogos que critican la doctrina del Magisterio de la Iglesia, después quieren que sus opiniones personales sean doctrina infalible»
114.

A propósito de esto dijo el Papa Pablo VI a los participantes en el Primer Congreso Internacional de Teología del Concilio Vaticano II, el 1º de Octubre de 1966: «Los teólogos deben investigar el dato revelado para iluminar los artículos de la fe; pero sus aportaciones quedan sujetas a la enseñanza del Magisterio auténtico. (...) Su preocupación ha de ser proponer la verdad universal creída en la Iglesia bajo la guía del Magisterio más que sus ideas personales».

Al Magisterio de la Iglesia hay que obedecerle, no sólo cuando se trata de verdades de fe, sino también cuando se refiere a opiniones que pueden desorientar al pueblo de Dios; pues también en estos casos está protegido por la autoridad recibida de Dios, cosa que el teólogo, como tal, no tiene, por mucha ciencia que tenga
115.

Por eso dice el Sínodo de los Obispos de 1967: «No les corresponde a ellos la función de enseñar auténticamente».

La Conferencia Episcopal Española ha hecho una llamada a «la responsabilidad de los teólogos» para que acaten los planteamientos de la encíclica Veritatis Splendor sobre las cuestiones fundamentales de la moral y su enseñanza. En el documento titulado Nota sobre la enseñanza de la moral alude a los teólogos «que disienten públicamente de la enseñanza del Magisterio. (...) Es necesario evitar esta actitud que empobrece y esteriliza el trabajo teológico y lo vuelve contraproducente para la misión evangelizadora de la Iglesia»
116.

«Los que ejercitan el Magisterio de la Iglesia son exclusivamente el Papa y los Obispos, porque a ellos solamente ha confiado Jesucristo la potestad de enseñar»
117.

«Fuera de los legítimos sucesores de los Apóstoles (que son el Papa y los Obispos) no hay otros Maestros de derecho divino en la Iglesia de Cristo»
118.

Cuando el Papa habla en una encíclica enseña como auténtico Maestro y no como un doctor más. Por eso no es válido apelar a la autoridad de otro teólogo para sostener lo contrario de lo que el Papa ha enseñado.

«Los fieles católicos han de aceptar las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia con obediencia religiosa, sabiendo que les obliga en conciencia»
119.

«La misión del Magisterio de la Iglesia es velar para que el Pueblo de Dios permanezca en la verdad»
120.

La Iglesia se compone de Pueblo de Dios y Jerarquía: pluralidad en los súbditos y autoridad que unifica mirando por el bien común de todos
121, pues hay que armonizar el pluralismo en lo accidental con la unidad en lo esencial.

No son dos Iglesias, sino dos partes de una única Iglesia. Separar estas dos partes sería la muerte de la Iglesia; como es la muerte de una persona separar el cuerpo del alma.

Un católico tiene que aceptar todos los dogmas de fe revelados por Dios. No puede rechazar ni uno. O se es católico del todo, o se deja de ser católico. No se puede ser «casi católico», lo mismo que no se puede estar «casi vivo», porque eso es estar muerto. Si «casi» me toca la lotería, no tengo derecho a cobrar el premio: o me toca el número entero o no me ha tocado. El «casi» me toca, no vale.

«Esta sumisión al Santo Padre es exigida también a los sacerdotes y teólogos. Quienes instruyen a otros en la fe, tienen que enseñar el mensaje auténtico de la Iglesia. El católico tiene derecho a ser enseñado por un sacerdote que esté de acuerdo con el Papa»
122. Quien desobedece a la Jerarquía Eclesiástica desobedece al mismo Jesucristo. Él nos dijo: «El que a vosotros escucha, a Mí me escucha; el que a vosotros desprecia, a Mí me desprecia. Y el que me desprecie a Mí desprecia a Aquél que me ha enviado»123.

La fe de la Iglesia está condensada en el Credo de los Apóstoles. Se le suele llamar símbolo, que es una profesión de fe abreviada.

El Credo de los Apóstoles fue retocado por los Concilios de Nicea y Constantinopla para aclarar la doctrina revelada frente a las herejías que entonces empezaban a aparecer.

En los Apéndices tienes las dos fórmulas.

«El Romano Pontífice y los Obispos, como maestros auténticos, predican al Pueblo de Dios la fe que debe ser creída y aplicada a las costumbres. A ellos corresponde también pronunciarse sobre las cuestiones morales que atañen a la ley natural y a la razón»
124


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  1. ALFONSO TORRES, S.I.: JESUCRISTO, SU PERSONA Y SU DOCTRINA, IV. T.Católica.Madrid.regresar
  2. ALFREDO SÁEZ. S.I.: El hombre moderno, XIII. Ed. APC. Guadalajara (Jalisco). 1999.regresar
  3. JESÚS MARTÍNEZ GARCÍA: Hablemos de la Fe, I, 10. Ed. Rialp. Madrid. 1992regresar
  4. CONFERENCIA EPISCOPAL ALEMANA: Catecismo Católico para Adultos, 1ª, I, 4. BAC.Madridregresar
  5. Concilio Vaticano II: Dei Verbum: Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación, nº 8regresar
  6. DENZINGER: Magisterio de la Iglesia, nº 1836; 2021. Ed. Herder. Barcelona.regresar
  7. ANTONIO ROYO MARÍN, O.P.: LA FE DE LA IGLESIA, 1ª, IV, 1s. Ed. BAC. Madrid. 1996regresar
  8. JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Compendio de Teología Fundamental,1ª, VIII, 4. Ed. EDICEP. 1998.regresar
  9. JUAN PABLO II: Encíclica Fe y Razón, VII, nº 95regresar
  10. JOSÉ Mª CIURANA: En busca de las verdades fundamentales, V,B,f. Ed. Bosch. Barcelona. Breve pero excelente libro que responde acertadamente a su título.regresar
  11. JOSÉ ANTONIO SAYÉS: Razones para creer, XII, 5,1. Ed.Paulinas. Madrid. 1992.regresar
  12. JESÚS MARTÍNEZ GARCÍA: Hablemos de la Fe, I, 9. Ed. Rialp. Madrid. 1992.regresar
  13. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 67regresar
  14. BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: La Iglesia que Cristo quiso, II, 2. Ed. Roca Viva. Madridregresar
  15. BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: La Iglesia que Cristo quiso, I, 2. Ed. Roca Viva. Madridregresar
  16. BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: La Iglesia que Cristo quiso,II, 4. Ed. Roca Viva. Madridregresar
  17. DIARIO DE CÁDIZ del 5-IX-97, pg.27regresar
  18. Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 25regresar
  19. PÍO XII, el 31 de mayo de 1954regresar
  20. Concilio Vaticano II: Lumen Gentium: Constitución Dogmática sobre la Iglesia, nº 25regresar
  21. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 890regresar
  22. BERNARDO MONSEGÚ, C.P.: La Iglesia que Cristo quiso, V, 3. Ed. Roca Viva. Madridregresar
  23. RONALD LAWLER, O.F.M.: La Doctrina de Jesucristo, XIV, 7. Ed. Galduria. Jódar (Jaén) 1986regresar
  24. Evangelio de SAN LUCAS, 10:16regresar
  25. Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2050regresar




sábado, 26 de noviembre de 2016

Liturgia Familiar Primer domingo de Adviento 2016



El primer domingo de Adviento que marca el comienzo del año litúrgico tiene lugar el domingo siguiente al de la solemnidad de Cristo Rey, último domingo del año litúrgico anterior. La duración del Adviento varía entre veintidós y veintiocho días, dado que abarca los cuatro domingos previos a la solemnidad de la Navidad acompañados por un número variable de días de semana. En consecuencia, el primer domingo de Adviento se ubica entre el 27 de noviembre y el 3 de diciembre.

El Adviento es el primer período del año litúrgico cristiano, que consiste en un tiempo de preparación espiritual para la celebración del nacimiento de Cristo. Su duración suele ser de 22 a 28 días, dado que lo integran necesariamente los cuatro domingos más próximos a la festividad de la Natividad pero, en el caso de la Iglesia ortodoxa, el Adviento se extiende por 40 días, desde el 28 de noviembre hasta el 6 de enero. Los fieles cristianos consideran al Adviento como un tiempo de oración y de reflexión caracterizado por la espera vigilante, es decir, tiempo de esperanza y de vigilia, de arrepentimiento, de perdón y de alegría.

En la Iglesia ortodoxa, el Adviento incluye como nota particular una abstinencia estricta de ciertos alimentos, que torna en un ayuno estricto en el caso de la Iglesia ortodoxa copta. Una tradición cristiana catolica es la corona de Adviento, que simboliza el transcurso de las cuatro semanas del Adviento. Consiste en una corona de ramas con cuatro velas.

Comenzando el primer domingo de Adviento, el encendido de una vela puede acompañarse de la lectura de la Biblia y oraciones. Durante las siguientes tres semanas se encienden el resto de las velas hasta que, en la semana anterior a la Navidad, las cuatro velas están encendidas. Algunas coronas de Adviento incluyen una quinta vela, llamada "vela de Cristo", que se enciende en la Navidad.

Semana 1:
Primer Domingo de Adviento

El Señor viene

 « Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar
el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, acompañados por las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino eterno. Por nuestro Señor. » 
(Oración Colecta)

Comienzo de la Celebración
en torno a la Corona de Adviento
Guía: 
En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Todos:
Amén.
Guía:
Ven Espíritu Santo,
Todos:
llena los corazones de tus fieles y enciendeen ellos el fuego de tu amor.
Guía:
Envía tu Espíritu creador.
Todos:
Y renovarás la faz de la tierra.
Guía:
¡Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo!, haznos dóciles a sus inspiraciones para gustar siempre del bien y gozar de sus consuelos. Por Jesucristo Nuestro Señor.
Todos:
Amén.
Bienvenida y Bendición
de la Corona de Adviento
Guía:
Una vez más nos reunimos, atentos al anuncio de la llegada de Dios Nuestro Señor. Se acerca la gran fiesta de Navidad, la fiesta del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo en Belén y en nuestros corazones. Preparémonos a recibir a nuestro Salvador reuniéndonos en torno a esta corona.
Bendice Señor esta corona, que sea para nosotros medio para preparar nuestra alma para recibirte. Que al ver su forma veamos que tu Dios eterno eres el principio y fin de todo cuanto existe y su verde follaje nos recuerde la esperanza de llegar a recibirte.
(Se enciende la primera vela)
Que al ir encendiendo cada una de sus velas se disipen las tinieblas del pecado y comience a clarear la luz de tu presencia en nuestras almas. Que por el espíritu de oración, penitencia y sacrificio, la caridad en nuestra vida nos prepare para recibirte y anuncie a los que nos rodean tu presencia entre nosotros.

Palabra de Dios
Guía:
Escuchemos la palabra de Dios.
Lector:
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 13, 33-37)
Estad alerta, ya que no sabéis cuándo será el tiempo
« En aquél tiempo dijo Jesús a sus discípulos: 'Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad! »

Lector:  
Palabra de Dios.
Todos:  
Gloria a Tí, Señor, Jesús.

Reflexión
Guía:
¡Qué tiempo tan apto el del Adviento para penetrar en la grandeza y trascendencia de la vocación cristiana, porque ella se desprende del misterio de la Encarnación! Dios en su decisión amorosa de salvar al hombre quiere hacerse uno de nosotros; más se entrega al servicio del hombre: siendo Dios se anonadó a sí mismo haciéndose siervo, y en todo, menos en el pecado, semejante al hombre, ante este ejemplo quién no se va a enamorar de Cristo, a entregarse a Él gastándose la vida en la dura pero sublime tarea de la Redención.

Diálogo
(Después de unos momentos de silencio el guía debe motivar que los participantes hagan comentarios sobre el texto bíblico. Para terminar este diálogo se invita a los presentes a hacer un compromiso.)

Compromiso
Guía:
Pongámonos en presencia de Dios y meditemos:

¿Cómo voy a prepararme para vivir este período de espera del Señor? ¿Tengo algún plan concreto para vivirlo en familia?
(Reflexión en silencio)

Despedida
Guía:
Señor, gracias por reunirnos una vez más en torno a esta corona. Ayúdanos a vivir intensamente este Adviento y prepararnos para recibirte. Por Cristo Nuestro Señor.
Todos:
Amén.
Guía:
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Todos:
Amén.




viernes, 18 de noviembre de 2016

El Rosario de los no nacidos NO es una oración católica. Evita difundirlo




No puede ser que la Virgen haya dicho que CON ESE rosario se salvan vidas y justo... la única que los puede elaborar es la 'vidente'.

La diócesis de Cleveland las reprobó, la Congregación de la doctrina de la fe las rechazó y la arquidiócesis de México también. En esas apariciones de Cleveland se atenta contra la Iglesia católica, se rechaza la autoridad del obispo. Un católico no debe difundir lo que rompe la unidad...Mejor usa un rosario normal..

En la campaña de 40 días avisan que esa oración no está aprobada. En sí misma la pura jaculatoria no contiene un error sino aquello que se le une y que es las falsas promesas de salvar un niño por el hecho de rezar tocando ese dizque rosario.En el comité provida también se ha advertido de que tal devoción no es católica.

Lo peligroso es que usan el rosario para difundir las falsas promesas y como el que lo ve puede pensar en las promesas es mejor usar uno normal para evitar difundirlas.

Las meditaciones las copiaron de las que había hecho Frank Pavone... sin su consentimiento. No hay decreto de un obispo que las apruebe, aunque algunos por ignorancia las promuevan.

Dice que tocando el rosario se salvará "automáticamente" por cada avemaría un bebé. Eso está en contra de la fe que tenemos en la libertad de las personas para el bien y para el mal.

También está en contra de la doctrina de la gracia que no genera efectos automáticos sino en la medida de la disposición de las personas, desafortunadamente varios grupos han dado por ciertas las falsas revelaciones de Cleveland, pero hay que advertir que no tienen aprobación de la Iglesia. http://es.catholic.net/cathol…/archivosWord_db/cleveland.doc


Comunicado Arquidiócesis Primada de México http://www.es.catholic.net/archivos/docarchdiose.doc
el problema son las falsas promesas en las que se apoya, ahora bien, lo propio de un objeto que fue diseñado así es mejor "desmontarlo" es decir quitarle las imágenes sagradas como el crucifijo y lo demás si se puede quemarlo.

Problemas del supuesto rosario de los no nacidos:

1) Está diseñado como un NEGOCIO (La Virgen promoviendo que compren "este" rosario, ajá si)
Mira que es una marca registrada ® antes que una oración aprobada por la Iglesia prefirieron custodiar los derechos de autor (!) y no su recta doctrina.
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Hay quien me dice " a mi me lo regalaron" pues eso es verdad pero para regalártelo antes le pidieron dinero a un empresario que creyó en las falsas apariciones y patrocinó los 229 pesos q cuesta lo que te regalan.

2) Dice que solo si usas este que te venden se salvarán niños... SUPERSTICIÓN, la fe nos dice q las personas se salvan por su disposición a la gracia no en "automático" por tocar un rosario

3) Está basado en supuestas apariciones NO CATÓLICAS. Los católicos creemos en las apariciones aprobadas y esas no solo no lo están sino que la Iglesia indica que no son de fiar. que el rezo del Rosario puede hacerse con cualquier rosario, no con ESE. Es todo un negocio de esa 'vidente'.

Las oraciones católicas tienen una aprobación de parte de la Iglesia y este no solo le falta la aprobación sino que dice cosas en contra de la fe. Evitemos usarlo.

Evite difundirlo en el futuro porque se basa en falsas revelaciones . Rece el rosario normal, pida usted por el fin del aborto.

La oración de un católico no tiene eficacia por hacerse con un objeto sino con devoción y de manera personal. Este falso rosario promete al que lo "toque" que tendrá una serie de promesas. Eso no es una actitud católica, es una actitud supersticiosa.

No dejemos de orar por el fin del aborto.

Siempre recemos el Santo Rosario... pero evitemos usar ese que está basado en mentiras... hagamos el rosario católico.

Algunos los han regalado para difundirlo entre los católicos haciendo creer que "como todos lo tienen" pues estará bien. Otros los han patrocinado con dinero de empresarios que han caído en la creencia de las falsas apariciones. Pero es un negocio.

En esas apariciones de Cleveland se atenta contra la Iglesia católica, se rechaza la autoridad del obispo. Un católico no debe difundir lo que rompe la unidad.La Santísima Virgen no atenta contra la unidad de la fe de la Iglesia como lo hacen las apariciones que están rechazadas. No debemos aprobarlas.

Las oraciones católicas tienen una aprobación eclesiástica de las que carece el falso rosario por los no nacidos. Se llama IMPRIMATUR.

No lo tiene el rosario de los no nacidos porque NO ES CATÓLICO.

La virgen promueve la oración no un fetichismo de usar ESTE rosario... que además se vende por 230 pesos. Difundirlo es un error.no difundamos cosas que no son católicas.

Lo regalan en conciertos católicos pero en lo que dícen ahí está el asunto... dicen que "este" rosario ayuda... eso no es verdad... es la oración la que es agradable a Dios, no el objeto con el que se hace, ánimo, te invito a rezar el rosario normal.

Lo dan regalado... pero ese regalo lo soporta una donación de un empresario que patroncina creyendo en las falsas apariciones de Cleveland

1) Está diseñado como un NEGOCIO (La Virgen promoviendo que compren "este" rosario, ajá si)
2) Dice que solo si usas este que te venden se salvarán niños... SUPERSTICIÓN
3) Está basado en supuestas apariciones NO CATÓLICAS. Los católicos creemos en las apariciones aprobadas y esas no solo no lo están sino que la Iglesia indica que no son de fiar.

viernes, 4 de noviembre de 2016

¿La papolatría es pecado?

Alejandro VI
Fuente: Infocatolica.

(Interesante reflexión de pluma ajena; puede servir, para complementar, esta gran entrada del Padre Jorge González en Infocatolica).

Alejandro VI

La elevación al trono de Pedro de S.S. Alejandro VI (quien si bien fue el Papa de la providencial donación de América al Imperio Español, tuvo algunas costumbres poco edificantes durante algún tiempo), puso a la Sierva de Dios Isabel La Católica en un aprieto. Isabel conocía bien a quien había sido antes el Cardenal español, Rodrigo de Borja; ahora como Sumo Pontífice, le merecía el mayor de los respetos y sumisión religiosa, pero como pecador, no; y no podía aprobar conductas indignas de un prelado que causasen incluso escándalo a los fieles.
Así, con motivo de haberse celebrado en Roma, con toda fastuosidad, las bodas de Lucrecia Borja, hija del Papa (nacida varios años antes de la asunción de éste al trono pontificio), la Reina Isabel citó al Nuncio Apostólico Mons. Francisco des Prats, a Medina del Campo, donde se encontraba la corte. Allí, con exquisita discreción (al punto que hoy se conoce esta reprimenda sólo por un informe secreto del nuncio al Papa, conservado en el Archivo Secreto Vaticano) luego de despedir a sus secretarios y ayudantes, presentó sus quejas:

La Reina me ha dicho que hacía días quería hablarme (…). «Me dijo que su Majestad tenía mucha voluntad y amor a vuestra Beatitud (…) que estuviese cierto de que no las decía con mal ánimo, sino con todo amor, y que se veía constreñida a hablar y tratar algunas cosas que de vuestra Beatitud oía, de las cuales, porque quiere bien a vuestra Santidad, recibía gran enojo y displicencia, mayormente porque eran tales que engendraban escándalo y podrían traer consigo algún inconveniente; concretamente, las fiestas que se hicieron en los esponsales de doña Lucrecia, y la intervención de los cardenales, es decir, del cardenal de Valencia (hijo de Rodrigo de Borja, el Papa) y del cardenal Farnesio y del cardenal de Luna; y que yo, de parte de su Majestad, escribiese a vuestra Beatitud, quisiera mirar mejor en estas cosas”[1].

Este hecho histórico nos sirve de introducción a un punto que, con toda brevedad, queremos referir en estas breves líneas: el amor desordenado al Papa.

1. El único amor blanco absolutamente ilimitado es el amor a la Eucaristía.
El amor a la Virgen es ilimitado solo sequndum quid, como se desprende de aquella máxima bernardiana que reza “De Maria nunquam satis“. Mas, simpliciter, el amor a la Madre de Dios es limitado ya que, a pesar de las imprecisiones terminológicas de algunos píos cancioneros populares, no se la puede adorar, por más que piadosamente a veces se la llame adorable o divina.
El amor al Papa es limitado y solo en un sentido muy lato puede decirse que es ilimitado. ¿En qué sentido? En el sentido de que los católicos deben tener la disposición a dar la vida en defensa del Pedro, como se ve en el guardia suizo que sale a ponerle el pecho a la balas para que no maten al Vicario de Cristo.

2. Ahora bien, entendiendo la palabra “amor” en un sentido muy amplio usado por San Agustín -de modo que la expresión se puede aplicar al amor a Dios o al amor desordenado-, pretender que, stricto sensu, el amor al Papa sea ilimitado, es una aberración, a la vez que un error, que, evidentemente jamás fue enseñado por la católica autoridad.
En efecto, si un amor así fuese licito, se daría la razón a los heresiarcas protestantes quienes, aún al día de la fecha, nos reprochan como anticristiana la sumisión al Papa.
Las formulaciones generales son claras, pero ¿cómo puede verificarse un amor excesivo al Papa? Puede haber muchos modos, mencionemos los primeros que se nos vienen en mente:

Adorar al Papa:

Creer que todo lo que diga el Papa es infalible.
Cubrir bajo el manto de la infalibilidad aquello que no lo es.
Exigir adhesión pública incondicional a aquellos postulados papales falibles con los cuales la Iglesia, en ciertos casos, permite disentir en el foro interno.
Darle carácter dogmático a lo que no lo tiene.
Creer que una doctrina definida por la Iglesia es modificable por Papas posteriores.
Afirmar la impecabilidad papal.
Justificar moralmente actos papales pecaminosos.
Alabar actos papales indudable y peligrosamente ambiguos.
Creer que el Papa por ser Papa quedo exento de la posibilidad de condenarse eternamente.
Creer que todos los Cardenales creados por el Papa jamás proferirán herejías.
Querer salvar las proposiciones papales evidentemente insalvables.
Creer que todos y cada uno de los actos papales fueron inspirados por el Espíritu Santo.
Creer que las declaraciones del último Papa sobre un tema necesariamente mejoran las de los anteriores Pontífices.
Creer que todas las enseñanzas papales tienen el mismo valor.
Creer que es metafísicamente imposible que, en alguna infeliz circunstancia, el Papa diga una herejía en público.
Creer que el Papa no puede cometer un error, sea por descuido o sea por dolo.
Creer que el Papa necesariamente será santo.
Creer que el Papado supone o causa la confirmación en gracia.
Creer que el amor ilimitado al Papal es más piadoso que el amor ordenado.
Creer que los Cardenales electores necesariamente elegirán como Papa al que más gloria le dará a Dios y que lo harán bajo la “inspiración” del Espíritu Santo.

Complementemos lo expuesto con una conocida cita del Beato John Henry Newman, quien si bien puntualiza que “Prima facie, es un deber necesario, aunque no sea más que por la lealtad, creer que [en el ámbito en cuya autoridad es suprema pero no infalible,] el Papa tiene razón, y obrar conforme a sus preceptos“, señala lo siguiente:
un Papa no es infalible en sus leyes ni en sus mandamientos, ni en sus actos de gobierno, ni en su administración, ni en su conducta pública (…). ¿Fue infalible san Pedro en Antioquía, cuando san Pablo se le resistió? ¿San Víctor fue infalible cuando excluyó de su comunión a las Iglesias de Asia ? ¿ O Liberio cuando excomulgó a Atanasio ? (…). Ningún católico pretendió jamás que estos papas fueran infalibles al obrar así[2].

En suma, el amor excesivo al Papa es un error que fue llamado con una palabra muy malsonante: “papolatría".
El amor excesivo al Papa no sólo es un error teórico, sino que en algunos casos puede llegar a ser pecado, y aún pecado grave.

3. No queremos dejar de precisar que, como ya fue insinuado en estas líneas, es conveniente “distinguir” dos cosas:
a) las flaquezas morales que pueda el Papa tener y las deficientes medidas pastorales que pueda tener (campo indudable en su posibilidad)
b) y las palabras y hechos de clara significación herética, es decir, incompatible con la doctrina católica de la fe.
Aquí es donde puede darse el problema más grave y más difícil en su tratamiento teórico y no digamos en el práctico.

Esto es, lo de a) es todo obvio. Lo de b) requeriría un tratamiento más a fondo, pero no lo haremos en este breve trabajo de divulgación.
 
4. Ahora bien, lo dicho jamás podrá ser invocado como pretexto para olvidar que en el Papa, debemos ver a Jesucristo, seguir a Jesucristo y amar a Jesucristo[3].
No olvidemos entonces que debemos tener una fe amasada en la más estricta docilidad a las directivas y enseñanzas papales y una fe llena de presteza en desechar el error percibido aun a través de las más débiles apariencias.
Aspiremos con denuedo a amar fervorosamente al Papa, sea quien fuere, hiciera lo que hiciese, pues esto, es signo de vida sobrenatural. Así, sin que nos importe quién sea, y ya, por el solo hecho que de que es Pedro, busquemos amar al Papa y aun alimentemos el deseo de dar la vida por él, sabiendo que no hay mayor amor que dar la vida por los amigos.
Recordando que vivir la relación con la Suma Potestad Eclesiástica es pura gracia, roguemos a Dios  “que nadie jamás nos supere en obediencia filial, en obsequiosidad y amor al Papa[4] y que nos dé la gracia de vivir siempre la letra y el espíritu de aquel catolicísimo lema que grita: “Con Pedro y bajo Pedro[5].
Pero… ¿la papolatría es pecado? Sí, tanto como rendir culto de latría a cualquier ser, salvo Dios.
Lic. Roque D´Aviano
Diciembre de 2015


[1] José María Zavala, Isabel íntima, Planeta, Barcelona 2014, 214-215.
[2] Beato J. H. Newman, Pensamientos sobre la Iglesia. Textos presentados por O. Karrer. Ed. Stella, Barcelona, 1964, 119 ss.
[3] Cfr. San Luis Orione, Cartas de Don Orione, Carta del 15/7/1936, Ed. Pío XII, Mar del Plata, 1952, p. 143.
[4] San Luis Orione, Carta sobre la obediencia a los religiosos de la Pequeña Obra de la Divina
Providencia, Epifanía de 1935, Cartas de Don Orione, Ed. Pío XII, Mar del Plata 1952.
[5] “Cum Petro et sub Petro”, Decreto Ad Gentes, Sobre la Actividad Misionera de la Iglesia, 38.